Las mujeres trans, refugiadas o de etnias y religiones diversas reivindican su mayor vulnerabilidad ante diferentes tipos de violencia en las I Jornadas Internacionales Feministas

Diferentes colectivos minoritarios de mujeres han expresado, en este gran foro organizado por el Ayuntamiento de Zaragoza y la revista CTXT, su lucha contra las agresiones machistas por razones de identidad de género, etnia, raza o religión.

Tras la inauguración de las I Jornadas Internacionales Feministas organizadas por el Ayuntamiento de Zaragoza y la revista Contexto y la presentación del Barómetro sobre Feminismo elaborado por 40dB para CTXT, el primer eje de ponencias ha puesto el foco en la lucha contra la violencia machista que las mujeres sufren especialmente en los entornos minoritarios y menos favorecidos.

En primer lugar, han intervenido Carmen Fernández y Ana Hernández en representación de la Asociación Feminista Gitana para la Diversidad. Orgullosas de ser gitanas y feministas, han plasmado su deseo de lograr la igualdad entre hombres y mujeres siendo fieles, igualmente, a su territorialidad y gitaneidad. Para ello, han reivindicado que las desigualdades son evidentes y que las políticas sociales son necesarias y, todavía, insuficientes para lograr su objetivo.

La siguiente mesa de debate ha girado en torno a  las mujeres que se consideran ‘excluidas’ en nuestra sociedad, y que son más susceptibles a diferentes tipos de violencia física, psíquica y sexual. En este coloquio han intervenido Salma Amazian, Escritora y activista antirracista; María José Jiménez. Activista, Gitanas Feministas por la Diversidad; Lorraine Leete. Abogada, coordinadora de Lesbos Legal Centre, entidad encargada de denunciar las vulneraciones de derechos humanos contra los refugiados de la isla; Elizabeth Ngari.Refugiada de Kenia, co-fundadora de Women in Exile, una iniciativa fundada en Brandenburgo en 2002 por mujeres refugiadas para luchar por sus derechos y Marina Sáenz. Profesora de Derecho en la Universidad de Valladolid y activista transexual.

Las reflexiones se han centrado en poner de manifiesto que una mujer, por pertenecer a un colectivo minoritario o desfavorecido, no tiene por qué verse expuesta a una menor protección política y social y a un mayor riesgo de todo tipo de violencia.

En una de las intervenciones, Bethi Ngari ha afirmado que “es una lástima que aquellas leyes que protegen a mujeres europeas de crímenes como las agresiones sexuales, violencia sistemática y cuestiones específicas relativas al género, no se apliquen a las mujeres refugiadas”.

En la misma línea se ha manifestado Marina Echebarría Saénz, centrándose en este caso en el colectivo trans y lamentando la violencia institucional que sufren estas mujeres. “La identidad de género no es proclamada como derecho en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Carta Europea de Derechos Fundamentales, ni en ninguna de las grandes declaraciones humanitarias”, ha denunciado.

Sobre políticas migratorias y la necesidad de revisarlas y mejorarlas ha hablado Lorraine Leete, que ha apuntado que “el temor de que la inmigración desde el hemisferio Sur hacia Europa amenace el statu quo lleva mucho tiempo siendo parte del discurso público contra la inmigración”. Ha añadido, además, que las mujeres y las niñas son más vulnerables a la violencia y a las agresiones sexuales. Según Leete, una legislación adecuada para unas rutas migratorias más seguras o la regulación de los centros de acogida se presenta necesaria en estos momentos.

Por su parte, Salma Amazian se ha pronunciado sobre la unidad global que deben tener y transmitir todas las mujeres feministas, y se ha centrado especialmente en tratar el problema del colonialismo. Así, Amazian ha afirmado que “mientras desde las posiciones de las mujeres blancas no se destierren esas estructuras raciales y coloniales sobre nosotras, no hay liberación posible”.

Además, Carmen Magallón ha lanzado la idea de feminizar la sociedad se configura como un proceso que debe llevarse a cabo, no solo para lograr la igualdad entre hombres y mujeres, sino para demostrar que la mujer puede estar presente en cualquier ámbito de la sociedad, representando roles tradicionalmente asociado a la figura del hombre.

La activista Lolita Chávez interpela al feminismo europeo: “Tenemos que luchar juntas para que las mujeres sean libres en todos los territorios”

 La guatemalteca abogó en su ponencia por una inclusión de todas las corrientes que sirva para construir una nueva realidad respetuosa con todos los orígenes y realidades.

La activista guatemalteca Lolita Chávez llama al feminismo europeo a escuchar las demandas y necesidades de las mujeres del resto del mundo. Lo ha hecho esta mañana en su ponencia en las I Jornadas Feministas de Zaragoza, organizadas por el Ayuntamiento de la capital aragonesa en colaboración con la revista CTXT.

En su charla, titulada ‘La lucha de las comunidades indígenas’, Chávez, que reside en España por haber estado amenazada en Guatemala, ha abogado por una inclusión y trabajo conjunto de las corrientes feministas para “declarar territorios libres para todas las mujeres”.

Lolita Chávez ha hecho de la lucha por los derechos de las mujeres e indígenas guatemaltecas y de la defensa del respeto a la naturaleza sus principales caballos de batalla. Así lo ha hecho constar en su charla en la capital aragonesa. “No somos criminales ni terroristas. Defender el agua no es delito”, ha apuntado. “Y cuando hablamos de defender la tierra hablamos también de defender nuestros cuerpos”, ha añadido.

Desde su posición de activista guatemalteca ha tendido la mano al trabajo conjunto entre ambos lados del Atlántico. “Nosotras, las feministas comunitarias o territoriales queremos deciros que también estamos aquí. Vivimos en territorios en disputa; territorios donde ser mujer trans, negra o lesbiana significa enfrentar día a día las exclusiones, marginaciones, estigmatización y la muerte. Por eso interpelamos a las llamadas feministas blancas y les pedimos su descolonización. Les pedimos que escuchen nuestras historias y denuncias”, ha apuntado Lolita Chávez.

Además, la activista ha mostrado su deseo de que la capital aragonesa permanezca como espacio de debate feminista: “No es fácil dar a conocer las múltiples opresiones. Necesitamos apoyo y ojalá Zaragoza sea cumbre de los feminismos mundiales”.

Chávez ha aprovechado la ocasión para analizar la situación del movimiento feminista en América Latina. “Es una expresión que ha dado un salto en los últimos tiempos. Ha trascendido de la ciudad a otros territorios y ha hecho que entendamos las luchas y los desafíos de los feminismos. Las agendas se han ampliado y han retomado temas que habían sido eliminados. Pero no está igual en toda Latinoamérica, las diferencias son grandes según el país: no es lo mismo hablar del aborto libre, legal y gratuito en Honduras o en Argentina”.

La activista de Guatemala y residente en España ha concluido su ponencia con un mensaje de unidad: “Luchemos juntas y sigamos tejiendo en la red de la vida”. Su charla ha estado enmarcada en el bloque titulado ‘Memoria. Violencia, justicia y reparación’, segundo eje de las I Jornadas Internacionales Feministas de Zaragoza.

Denuncia, sororidad y minorías se encuentran en la mesa redonda ‘Mujer y memoria: contra el olvido, justicia y reparación’

La escritora Cristina Fallarás, la periodista peruana Sara Cuentas, la activista portuguesa gitana Alexandrina Moura Da Fonseca y la directora argentina del museo ESMA, Alejandra Naftal, han dado voz a distintas historias de represión y violencia contra las mujeres.        

Historias estremecedoras sobre realidades y violencias olvidadas han alzado su voz en la mesa redonda ‘Mujer y memoria: contra el olvido, justicia y reparación’ celebrada hoy en las I Jornadas Internacionales Feministas organizadas por el Ayuntamiento de Zaragoza y la Revista Contexto. En ella han participado con sus testimonios y  argumentos la escritora española Cristina Fallarás, la periodista peruana Sara Cuentas, la activista gitana Alexandrina Moura Da Fonseca y la directora argentina del museo ESMA, Alejandra Naftal.

Sara Cuentas, quien además de comunicadora es activista de Iniciativa Colectiva por los Derechos Humanos de las Mujeres Esterilizadas en Perú, ha relatado a las asistentes a esta charla la esterilización forzosa de 300.000 mujeres en el régimen de Fujimori en Perú, de 1995 al 2000. La denuncia de esta práctica y la enumeración de las consecuencias para las mujeres que la padecieron se ha entretejido en el discurso de Cuentas con una llamada a la colaboración del feminismo internacional. “Interpelo hoy al movimiento feminista para que se sume a esta lucha. Podemos lograr justicia y reparación para nuestras compañeras y hermanas indígenas de Perú. En el tema de la esterilización forzada sentaremos un precedente a nivel internacional”, ha concluido.

La periodista peruana, además de exponer el problema, ha planteado ideas para cambiar el mundo desde el feminismo, como “hacer visibles nuevas voces” que representen a colectivos más allá del feminismo europeo.

Alexandrina Moura Da Fonseca, portuguesa y activista gitana, ha denunciado las dificultades por las que debe pasar el colectivo de mujeres gitanas en su vida diaria, especialmente en el mundo laboral. Y ha reclamado una mayor presencia de las mujeres gitanas en las mesas y comisiones que abordan las cuestiones sobre el colectivo. “Nosotras no tenemos visibilidad política. ¿Por qué, igual que hacéis gobiernos paritarios, cuando hay comisiones para trabajar las políticas para la población gitana no se incluye a mujeres?”, ha cuestionado Moura Da Fonseca.

Por su parte, Cristina Fallarás ha puesto en valor, con su discurso, el poder del testimonio como herramienta de denuncia. Ha relatado cómo se fraguó el éxito de su acción #Cuentalo, un hashtag que impulsó en redes sociales para que las mujeres que habían sido víctimas de violaciones y otras violencias narrasen su caso. La acogida de aquella propuesta, que recabó en 15 días más de 2 millones 100 mil testimonios, demuestra, según ha señalado la escritora y periodista, “que hasta ahora las mujeres no habíamos tenido el espacio donde relatar” todo eso.

Alejandra Naftal, argentina y directora ejecutiva del Museo Sitio de Memoria ESMA, ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio, desde su inauguración en mayo de 2015 ha participado en esta mesa redonda con el relato de lo vivido por las mujeres que, entre 1976 y 1983, pasaron por el centro de exterminio y tortura ESMA.

Naftal, además de analizar el importante papel de esos hechos en la memoria colectiva de Argentina y en su sociedad, ha denunciado que “el movimiento de derechos humanos tuvo un olvido: el de la lucha desde la perspectiva de género”. “Cuando dimos testimonios las mujeres en juicios de todo tipo tuvimos que hacerlo olvidando nuestra condición de mujer. Y, gracias al movimiento feminista, es posible que hoy haya juicios en Argentina por delitos sexuales: se pudo sacar del delito común a las violaciones, acosos y delitos sexuales”.

El ecofeminismo se configura como el reto más próximo para una sociedad sin desigualdades de ningún tipo.

El Eje III de las Jornadas “Cuidados y transformación de la economía” ha sido la primera materia de la tarde apuntando a los orígenes de las desigualdades de sexo, que podrían estar en el papel tradicional de la mujer como cuidadora, y han querido explicar en qué consiste el ecofeminismo como modelo ideal y necesario en el futuro más próximo de nuestra sociedad.

Este ha sido el enfoque del diálogo abierto entre Yayo Herrero, antropóloga, ingeniera, profesora y activista ecofeminista española, coordinadora de Crisis Social y Ecológica de CTXT, y Cristina Narbona, presidenta del PSOE, economista, especialista en transición ecológica y miembro de la Red Española de Desarrollo Sostenible.

Herrero ha puesto de manifiesto que todos somos ecodependientes y que “el ecofeminismo plantea que no queremos morir por ninguna causa, sino que la causa es el mantenimiento de la propia vida”. En esta línea, ha reivindicado una mayor concienciación con la distribución de los recursos y también una reorganización de los roles tradicionales, dejando claro que las mujeres no somos las únicas que tenemos que sostener vida. Narbona, por su parte, ha valorado muy positivamente que la ecología tenga un fuerte protagonismo en estas Jornadas y ha subrayado la importancia del ecofeminismo como un movimiento sin ningún tipo de dominación de sexo, clase, raza ni especie. La educación, según Narbona, tiene un papel clave para que nos podamos acercar a este escenario.

¿Hacia una economía feminista?

  ‘¿Hacia una economía feminista?’ ha centrado el título y el debate de la mesa en la que han participado Carmen Castro, economista feminista, activista de la PPiiNA y autora de Políticas para la igualdad: Permisos por nacimiento y transformación de roles de género; Alba del Campo, activista por el derecho a la energía y Coordinadora de la Mesa de Transición Energética de Cádiz; Rocío Echeverría Valverde, de Sindihogar, colectivo de trabajadoras del hogar y cuidados con sede en Barcelona; Carolina García, colectivo trabajadoras/es del hogar y los cuidados de Zaragoza; Rosa Martínez, política ecologista y ecofeminista española. Es miembro de Equo Berdeak y diputada por Bizkaia de Unidos Podemos y Katerina Sergidou, activista griega. Investigadora de cultura y de antropología feminista.

Además del ecofeminismo, sobre lo que también se ha pronunciado Rosa López en la misma línea que Herrero, y de la necesidad de una transición energética en la que las mujeres jueguen un papel importante, el otro tema más tratado ha sido el papel tradicional de la mujer como cuidadora. Aunque todas las voces han hecho mención de una manera u otra a este asunto, Katerina Sergidou (que se ha centrado en el caso de Grecia), Rocío Echevarría, Carolina García y Carmen Castro, son quienes han entrado de lleno en este tema. Sus principales reivindicaciones se han organizado en torno a la idea de que las cuidadoras no están debidamente protegidas en materia de legislación y conciliación, ni valoradas por sus capacidades. Y en mayor desigualdad se encuentran aquellas que son migrantes y cuidadoras, más carentes de derechos si cabe y más necesitadas de protección política y social.

Además, han mencionado en esta mesa, es importante que se normalice el hecho de que las mujeres son mucho más que cuidadoras y que pueden formar parte de cualquier sector profesional, hacerse cargo de multitud de tareas, mucho más allá de los cuidados familiares.

El sector energético, según Alba del Campo, es uno de los ámbitos en los que la presencia de la mujer se hace indispensable para lograr una transición energética feminista. Porque la energía es poder y, “sin la mitad de la población, no habrá transición que valga”, ha comentado.

Un buen ejemplo de lo comentado en esta mesa lo ha recogido Carmen Castro García, asegurando que debemos “imaginar que otra realidad es posible y desde ahí, repensar cómo reorganizamos el reparto de los tiempos de vida, de los trabajos y de las condiciones y recursos materiales, promoviendo activamente un cambio en las prioridades asignadas a los trabajos y también un cambio en los patrones de género”.

Sanjuana Martínez: “La guerra contra el narcotráfico tiene un botín y es el cuerpo de la mujer”
 
La periodista mexicana, especializada en narcotráfico y trata de mujeres, ha relatado sus vivencias en la charla “Mujeres, prensa y narcopolítica”
La periodista mexicana Sanjuana Martínez puso ayer en pie al público del Auditorio de la capital aragonesa con su estremecedor testimonio, compartido en las I Jornadas Internacionales Feministas de Zaragoza, organizadas por el Ayuntamiento de la ciudad y la revista CTXT. Relató sus vivencias ejerciendo el periodismo en México en una charla titulada ‘México: mujeres, prensa y narcopolítica, moderada por la escritora española Cristina Fallarás.
Sanjuana Martínez, con amplia experiencia en el ejercicio del periodismo en el complejo entorno mexicano, está especializada en mostrar en medios de comunicación temas complejos y de hondo calado como el narcotráfico, la trata de mujeres, el crimen de estado o la pederastia. “Hay que empezar por el contexto. México es el país más peligroso, junto a Siria, para ejercer el periodismo. Cada 26 horas se mata a un periodista. Y cada día hay 9 feminicidios”, explicó al inicio de su intervención, poniendo de manifiesto la compleja situación de trabajar como periodista siendo mujer en México.
“Las amenazas que reciben nuestros colegas periodistas son totalmente distintas a las nuestras”, indicó. “Las que recibimos nosotras van destinadas a hacernos sentir vulnerables sexualmente. Tienen esa función y son cada vez más crueles”, en palabras de Sanjuana Martínez. La periodista, en conversación con Cristina Fallarás, relató estremecedores casos de compañeros de profesión, desde la de un redactor que, a sabiendas de que su vida andaba en juego, publicó el reportaje que acabó con su vida, hasta la de una periodista que apareció decapitada.
El narcotráfico fue otra de las patas del discurso de Sanjuana Martínez, que ha detalló la dificultad para cubrir este asunto como periodista, la difusa línea entre Estado y narcotráfico y las consecuencias derivadas de este problema. Como la trata de mujeres. “La guerra contra el narcotráfico tiene un botín y es el cuerpo de la mujer”, declara la mexicana. “Y hay que saber dónde está la demanda de compra, si solo en México o –ha comentado- también en otros países como Estados Unidos”.
Preguntada por Cristina Fallarás por los apoyos con los que puede contar una periodista como ella, Sanjuana Martínez afirmó: “Hemos creado redes de solidaridad de mujeres como las que estamos creando ahora aquí. Y necesitamos el apoyo de todas para seguir creciendo”. Sobre el papel del periodismo como actor en un “panorama tan sombrío”, la mexicana ha dicho: “Es francamente doloroso, pero tenemos que contarlo. Tenemos que contarlo con todos los géneros que nos dé el periodismo”.La periodista concluyó su intervención con un mensaje de unidad: “Lo único que nos puede salvar son estas redes. Juntas somos invencibles”.